“El hombre siempre ha usado los materiales que la naturaleza le ponía directamente en sus manos para construirse un entorno habitable, aspirando en muchas ocasiones incluso a su permanencia. Como toda obra humana, surgieron sus construcciones impregnadas de su espíritu y los aspectos que lo representaban comenzaron a hacerse evidentes como arte: los estilos, los módulos, la ornamentación, los capiteles y chapiteles… El tiempo transformó sus elevados deseos en adorables ruinas cargadas de sentido y, como tales, nos gusta ahora conservarlas aunque estén tan lejos de las altísimas funciones que se les habían encomendado en su origen.
Alejandro de la Sota

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