Desde
que adquirimos las primeras nociones sobre números en nuestra vida,
cuando apenas eramos unos niños, ciertamente supimos que un minuto tiene 60 segundos, una hora 60 minutos y un día 24 horas. Pero, ¿alguna vez te preguntaste porqué es así? Probablemente nunca lo hayas hecho.
En
nuestra vida diaria usamos de forma cotidiana el sistema decimal
(basado en el 10), que surgió y se estableció por la facilidad que
suponía contar con las manos. Pero en el pasado, algunas civilizaciones utilizaban el sistema duodecimal
(basado en el número 12), pues utilizaban el número de ciclos de la
luna en un año que es igual el mismo número de articulaciones en los
dedos de una mano, excluyendo al pulgar que es utilizado para contarlas.
Por esa razón, cuando surgieron los primeros relojes solares
– que eran postes clavados en el suelo marcando el tiempo según el
tamaño de la sombra – aproximadamente en el año 1500 a.C, los egipcios
desarrollaron un sistema más avanzado y como utilizaban el sistema
duodecimal, terminaron por dividir el día en 12 partes.
Pero había un problema: ¿Cómo medir el tiempo por la noche?
La cosa era más complicada de lo que parece, ya que ellos no
establecían una conexión entre el día y la noche, consideraban ambas
cosas como entes separados, como cosas diferentes.
Así que basaron la división del tiempo nocturno en las estrellas,
y señalaron que 18 de ellas aparecieron y se movían en el cielo de la
noche, seis de ellas fueron puestos a un lado, tres para representar a
la tarde o el inicio de la noche, y otras tres que significaban la
salida del sol, ese período en que las estrellas son difíciles de ver.
Así, las doce restantes marcaron las horas de la noche, lo que curiosamente daba el mismo número de divisiones en el periodo en que había sol. Así nuestros días terminaron teniendo 24 horas.
Pero el sistema era impreciso, la duración del día y la noche cambiaba conforme a la época del año. Fue sólo hasta el período helenístico cuando se establecieron las medidas más correctas. Dividieron el día en 24 horas, pero basados en el día del equinoccio, cuando el día y la noche tienen la misma duración, creando así un patrón.
La división de las hora y los minutos se atribuye a los griegos, que utilizaron técnicas astronómicas creadas por los babilonios,
quienes utilizaron el sexagesimal (base 60) para hacer sus cálculos,
por lo que determinaron que las horas y los minutos se dividían por 60,
según la tradición babilónica. Pero lo que nadie sabe es por qué este
número fue escogido por los babilonios en el pasado, alrededor de 2000
a.C, pero se cree
que es debido a que el número sesenta es el más pequeño que es
divisible por las seis primeras cifras (1, 2, 3, 4, 5 y 6), además de
también ser divisible por 10, 12, 15, 20 y 30.
Esa es la historia de porqué nuestro tiempo se divide de esta manera.
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